Lo mejor lo voy a seguir dando , te estoy ....

Un descafeinado de máquina clarito y templado por favor, aderezado con la compañía agradable de una charla tranquila y sin tener que enmascarar nada. Un cigarrillo encendido. Palabras mezcladas, algunas sin duda cargadas de rencor y fatiga, otras tan solo de esas livianas que llenan de halagos los momentos. Apartando las prisas, consiguiendo sonrisas.

¿Otro café?, quizás otro día, aunque ahora es el idóneo para seguir, llueve fuerte y esto es una burbuja dentro de todo. Nadie molesta. Nadie pregunta. Nadie mira. No hay nadie más.

Otra palabra, otro renglón, otra conversación en la misma. ¿Cuántas historias en una sola?, charlas entre papeles pautados, siempre marcados por los entornos clásicos, definidos, sin salirse de los guiones, no se puede concebir el encanto de otra forma. Maneras de hablar y hablar de maneras.

¡Qué bien huelen los cigarrillos sin quemar!, recuerdo que si lo enciendes al lado de una hoguera sabían a humo de las maderas y al tabaco ardiendo, siempre me gustó esa sensación. Hoy me contento con olerlos en la cajetilla.

En los relatos de situaciones bellas normalmente se describen con música acogedora, cálida, sonando en el entorno. Aquí no hay nada más que televisión, ruido de sillas, conversaciones lejanas, alguna que otra máquina. Pero música lo que se dice música es lo que me está convirtiendo en fanático de la memoria. Repito y repito en mi cabeza la misma canción, por que no la nombro o no quiero olvidarla, también la escucho mirando la taza, la oigo siempre, a todas horas, se ha hecho imprescindible.

No puedo prescindir del café, reconozco mi adicción al descafeinado de máquina clarito y templado, si puede ser…. ¿Puedo?

Y todo esto por dos euros escasos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que mellor música que o propio a escoita do silenzo envolto envolto na choiva...