Hablar sin decirte nada importante....

Las palabras son el único tesoro que hay que compartir.
Oro en la superficie del mar,
rojo intenso y gris en el fondo del ojo del tiempo,
palabras que se entrelazan formando trenzas ,
finas , delicadas, brillantes, atan al pasado
pero se rompen pues son palabras.
Sin duda elegir se convierte en virtud,
nadie puede nacer de nuevo ,
aunque si blanquean las sienes,
nacer significa difuminar el celo
con el que se guarda la esperanza.
Todo , solo una vez, no hay retorno
ni oportunidad, ni recuerdo
que nadie haya querido olvidar,
nacer significa difuminar el deseo
de cambiar el color de la confianza.
Qué importancia tiene
si son oro, rojo o gris, los colores
de un atardecer cualquiera,
la madurez es la capacidad de trenzar palabras
de esas que no se rompen.
Lo mejor lo voy a seguir dando , te estoy ....
Un descafeinado de máquina clarito y templado por favor, aderezado con la compañía agradable de una charla tranquila y sin tener que enmascarar nada. Un cigarrillo encendido. Palabras mezcladas, algunas sin duda cargadas de rencor y fatiga, otras tan solo de esas livianas que llenan de halagos los momentos. Apartando las prisas, consiguiendo sonrisas.
¿Otro café?, quizás otro día, aunque ahora es el idóneo para seguir, llueve fuerte y esto es una burbuja dentro de todo. Nadie molesta. Nadie pregunta. Nadie mira. No hay nadie más.
Otra palabra, otro renglón, otra conversación en la misma. ¿Cuántas historias en una sola?, charlas entre papeles pautados, siempre marcados por los entornos clásicos, definidos, sin salirse de los guiones, no se puede concebir el encanto de otra forma. Maneras de hablar y hablar de maneras.
¡Qué bien huelen los cigarrillos sin quemar!, recuerdo que si lo enciendes al lado de una hoguera sabían a humo de las maderas y al tabaco ardiendo, siempre me gustó esa sensación. Hoy me contento con olerlos en la cajetilla.
En los relatos de situaciones bellas normalmente se describen con música acogedora, cálida, sonando en el entorno. Aquí no hay nada más que televisión, ruido de sillas, conversaciones lejanas, alguna que otra máquina. Pero música lo que se dice música es lo que me está convirtiendo en fanático de la memoria. Repito y repito en mi cabeza la misma canción, por que no la nombro o no quiero olvidarla, también la escucho mirando la taza, la oigo siempre, a todas horas, se ha hecho imprescindible.
No puedo prescindir del café, reconozco mi adicción al descafeinado de máquina clarito y templado, si puede ser…. ¿Puedo?
Y todo esto por dos euros escasos.
