El silencio de los lobos disfrazados.


Todos los días mi hija me pregunta si fulanito o menganito van a tener problemas, todo ello dentro del caso de acoso que está sufriendo y sin olvidar el extremo grado de nerviosismo y ansiedad a la que está sometida.
Mi respuesta es siempre la misma, no te preocupes por ellos, son buenos chicos pero no olvides que si no dicen lo que saben son cómplices del delito.

No es alegre ver como se retuercen sus músculos en espasmos involuntarios, o como grita para que alguna niña o su madre no se le acerquen a pegar. Y todo esto en vigilias largas y tortuosas, dónde sus ojos dibujan miradas perdidas en sus trece años empequeñecidos por las torturas a las que está sometida.

Tuve que explicarle que el respeto no hay que ganarlo si no se pierde pues todas las personas desde que nacen son dignas de respeto y tienen el derecho de vivir sin que nadie las ningunee o las hostiguen.

Cuando oigo la expresión comunidad educativa, siempre comprendo la plenitud de dicha colectividad, en ocasiones vilipendiada por elementos negligentes y en su empeño de disimular se sumergen en lágrimas de cocodrilos y las alaban como si de la verdad absoluta de los creyentes se tratasen.

Pasos negligentes que consiguieron confundir, esculpir en la personalidad incipiente de una niña las palabras inseguridad e incredulidad, sustituyendo de golpe a la inocencia y el valor.

Carezco de zurrón lleno de perros amaestrados contra las caretas que se enfundan los lobos disfrazados, carezco de plumas de colores para hacer más bonitas dichas caretas, mas llevo en mi espalda y en mi medio corazón, no el odio contenido, sino la fuerza necesaria para demostrar que con sus mal llamadas bromas, con sus insultos continuados, con sus golpes físicos y mentales son crueles criminales de sólo trece años, niños y niñas.

Me entero de casualidad, que no sólo mi hija está siendo acosada sino que en el mismo centro y en el mismo curso aunque en distintas aulas más chicos y chicas sufren sobre su propia dignidad casos similares.

¿ Hasta cuándo? .

Pues simplemente hasta que la mal llamada “comunidad educativa” cure con los medios de los que dispone estas actuaciones que yo denomino “delitos”.

O quizás hasta que los niños y niñas , esos que conocen y callan saquen sus caretas, dejen de tener miedo a los delincuentes y hablen, pues no existe peor silencio que de los que se disfrazan de lobo.