Invertir la incredulidad de un segundo
en magia o en flores,
para redimir la posible tristeza
que emana de la sangre, de la risa, de los nervios
provocados por una lengua que lame
que juega, que arranca sensaciones
afloradas en la piel del que escribe frases
entre acordes de un piano viejo,
consigue generar réditos interesantes
de esos que nacen en las esquinas
donde la gente camina insegura
pensando que mañana alguien despertará tranquilo.
Y si no es así, dime susurrando
las palabras mágicas,
las palabras que abren las puertas
de un futuro acogedor y maravilloso
pleno en pensamientos, tortilla fría
gaseosa de sabores increíbles y un pequeño trozo
del pan de la tienda de abajo.
Invertir en seguridad, sin riesgo,
es como jugar una partida de póker
que jamás se acaba, se pierde siempre,
se gana nunca, aunque nunca se gana por ganar,
se quiere algo, se quiere nada,
se invierte en inseguridad, pero siempre habrá algo
que permanezca, quizás las palabras mágicas
las necesarias para abrir tu puerta
verte casi de frente y con la frente alta
los brazos en cruz
a punto de abrazar el futuro ,
ese que también se saborea , mojando
en la salsa de la vida con el pan de la tienda de abajo.
Amar sin miedo a amar con toda la razón del mundo.
Seguro de amar.
Invirtiendo todo en magia y flores.
Invirtiendo todo en magia y flores.