Tierra y mar

El invierno como estación trae consigo un enriquecimiento estructural de los paisajes, dentro , por supuesto, de la fuerza innata del momento. Se cierne como ave de presa sobre los sentimientos encogiéndolos hasta convertirlos en pequeños sobres sorpresa, el estallido del frío congela los sabores e incluso enaltece el ambiente hogareño , dejando de lado los colores , llenando los espacios de sensaciones huecas.
Se acerca por los horizontes la humedad que penetra ineludiblemente en el interior de la idiosincrasia personal del pueblo acostumbrado a las sombras, un pueblo que vive en su interior, agachado en los bosques, que mira a la mar entre las ramas de los viejos y escasos robledales, zambulléndose por entero en las galernas temáticas de una nación en declive.
Las cocinas recogen con cariño , entre el humo de la leña que se quema en silencio y el olor a comida recién hecha, miles de sensaciones de un caminante ávido de conocimiento espiritual y ávido también de interiorización en costumbres arraigadas a un entorno espacial muy característico, buscando incesantemente frases que nadie repite por miedo a la exteriorización de lo que realmente es evidente, el entorno ayuda pero explota en el corazón, en el pecho abierto, en la apatía y en la indiferencia sistemática del pueblo oprimido, mostrando al público un algo que no tiene nada que ver con la realidad.
Las lágrimas enaltecen la nobleza de las gentes, llorando seres desaparecidos, rindiendo culto a las hadas y al más allá desde un aquí complicado e inerte. Rebuscando en esa maraña de sensaciones uno vive alerta y aletargado sin remisión, esperando que la primavera lo cubra todo de color.
El olor a frío llena los ambientes más cálidos de una tristeza característica . Las campanas de las iglesias cantan las horas que pasan tranquilas. Todo sufre la calma aparente . El entorno nos hace tropezar pero levantamos los espíritus a la ilusión de que una mañana vuelva a amanecer entre rojo y terciopelo, sin que la tradición sea capaz de hacer olvidar la afrenta de los amores escondidos tras los pasos de los pueblos sometidos a su propio sentimiento de culpabilidad, alabada desde los centros neurálgicos de esa nación deprimente y mezcladora de razas.
" Desperta Galiza dende o teu peito cheo de brétema e navega polo mar da probeza das razas , erguendo tras de ti á xente que pensa que algún día …. Algún día… ise día é hoxe".

2 comentarios:

Cyn dijo...

falta poco y "la primavera lo cubrirá todo de color"...

tu texto me ha dejado como la sensación como de una mariposa va saliendo del capullo...

Minghus dijo...

resurgir de las cenizas.