Y ahora sentado sobre el cesped,
a la sombra de las jóvenes higueras
veo pasar tiempos, tiempos concretos,
de esos que carcomen pensamientos.
Desde aquí oigo trinar jilgueros
de los que no se oyen hacen años
muchos años que han pasado sin oirlos
sin ver sus nidos en los árboles de al lado.
También sobre los troncos agujereados
de las frágiles higueras están los leonados,
los que de la carroña del bosque se alimentan
aquellos que hieren los árboles con sus garras.
Cuánta paz en esta sombra, ilusiones,
madurarán los higos , sazonarán el alma,
endulzarán la vida de los pájaros
pero volverán a dar de comer a los carroñeros.
No envenenarán sus frutos, pues de ellos comen todos,
comen los buitres, comen los pajarillos cantores,
comen los gusanos cuando caen a la tierra
y yo comeré alguno si algún día me dejan alcanzarlos.
Y ahora sentado sobre el cesped,
a la sombra de las jóvenes higueras
veo pasar mi vida, mi vida concreta,
la que espera que se acabe, oh malditos carroñeros,
me veis vivo pero me sentís muerto.
Pero no quemaré la higuera
me da paz y me da guerra,
pero mantiene el cesped limpio
sobre el que me siento a ver pasar el tiempo.
No puedo matar los buitres,
no soy un hombre guerrero,
aunque por dios que me apetece
envenenar los higos con la hiel de mi cuerpo.
Y ahora sentado sobre el cesped,
a la sombra de la joven higuera
veo pasar su vida, su vida concreta,
de la que comen todos, los nuevos y los viejos,
pero solo me duelen los pasados, los tiempos concretos
los que carcomen pensamientos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario